miércoles, 5 de marzo de 2014

Catequesis Litúrgica sobre el Miércoles de Ceniza





No nos gusta mucho la ceniza, y su símbolo no nos suele apetecer, hasta nos parece impertinente y anticuado. Nos recuerda los restos de catástrofes o incendios. Entre los signos y símbolos con que expresamos el camino de la Cuaresma hacia la Pascua está de imponerse la ceniza en la cabeza. En los primeros siglos se hizo este gesto a los que hacían penitencias porque habían pecado gravemente. Se les echaba de la Iglesia por una temporada, vestían con sacos y ponían ceniza por todo el cuerpo. Después de éstas penitencias, se presentaban el Jueves Santo ante la comunidad y recibían el perdón. Pasados los siglos, hacia el XI, se dejó de hacer éstas cosas y se inventó ésta forma de poner la ceniza en la cabeza, pero a todos los cristianos. El significado es que todos nos sentimos pecadores, y ellos se veían ayudados por este gesto en su actitud de conversión. La ceniza nos recuerda en un primer sentido nuestra condición débil porque somos personas imperfectas, con defectos. En la Biblia tenemos que el hombre está formado con el polvo de la tierra. El polvo de la tierra es el origen y el destino de las personas. El hombre lo es todo, pero a la vez no es nada. Es débil y tendrá que terminar un día, y ésto nos trae pensamientos de humildad y de no creernos los mejores. Nuestra vida, a veces de catástrofes, le da la razón a ésta ceniza. El que la ceniza que se nos impone se obtenga al quemar las palmas usadas en la celebración del Domingo de Ramos del año anterior quiere ser un recordatorio, lo que fue signo de victoria y de vida, se ha convertido pronto en ceniza. La conversión, la tristeza por el mal que hay en nosotros y del que queremos liberarnos. La Palabra de Dios que escucharemos el miércoles de ceniza nos mostrará el auténtico sentido de la Cuaresma: el ayuno, la oración y la limosna. Hagámonos la pregunta: ¿Qué está diciéndonos Dios hoy? Dios dirige su Palabra a cada uno de nosotros. Llegará el momento de de bendecir las cenizas. Con actitud humilde oraremos a Dios nuestro Padre para que se digne bendecir con su gracia ésas cenizas que serán impuestas en nuestras cabezas en señal de penitencia..

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